sábado, 28 de marzo de 2015

Llegada a Indonesia: Nyepi y archipiélago de Flores

Llegamos a Bali justo para celebrar otro año nuevo más, el tercero en este viaje. ¡Y nosotros sin saberlo! En el aeropuerto nos dijeron que había calles cortadas por los pasacalles y al día siguiente era 'silence day' o en balinés 'Nyepi', el año nuevo balinés. En resumen, el día siguiente era un día de introspección para los balineses, y de esconderse de los malos espíritus, pues la creencia es que si éstos vienen y ven las calles desiertas, se irán. Por ello, está prohibida cualquier actividad, salir a la calle (patrulladas por seguridad que vigila que se cumpla esta tradición) e incluso encender luces. Nos resultó difícil de creer, pero así fue. Con los cajeros ya apagados, pudimos cambiar algo de euros y dólares que llevábamos sueltos, y con eso pudimos sobrevivir a las 24 horas encerrados en el hotel. La noche que llegamos, salimos a cenar y ver el pasacalles, y nos quedamos pasmados al ver a la gente de hoteles y comercios empapelar ventanas de bolsas de plástico negras para que al día siguiente no se viera la luz desde fuera. Toda una experiencia, sin duda.

Tras el secuestro, cogimos un avión a Labuanbajo, en la isla de Flores. Desde ahí contratamos una excursión de 2 días y 1 noche en barco para visitar el Parque Nacional de Komodo.

El primer día fuimos a la isla de Rinca, donde hicimos una pequeña caminata de una hora por el parque nacional, pero ya en la entrada pudimos ver al famoso dragón. Había muchos alrededor de las casas de los guardaparques, según ellos atraídos por el olor de comida, aunque no les dan de comer. Nosotros tenemos nuestras dudas...

Tras 2 horas más de navegación en el bote más lento jamás construido, llegamos a la isla de Komodo, el otro lugar en el mundo donde se puede observar este animal excepcional. Es lo más parecido a un dinosaurio que se puede ver en la tierra. La mayoría del tiempo esta inmóvil, haciendo la digestión, tomando el sol o esperando a la siguiente víctima. No tiene unos grandes dientes, pero su saliva contiene unas 50 bacterias que matan a cualquier animal en 2 días.

En Komodo pudimos verlos en su hábitat, en una colina. El guía se empeñó en que nos acercáramos, y los dragones empezaron a hacer un ruido que asustaba bastante.

Nuestra última parada del día fue para ver el atardecer y ver volar a los flying fox, unos murciélagos gigantes que salen a cazar de noche.

Dormimos en la isla de Komodo, en una villa de pescadores, en casa de una familia. Sin duda, algo muy peculiar.

El segundo día estuvimos en el agua casi todo el tiempo. Primero Pink Beach, donde hicimos snorkel, con muchísimo coral a pocos metros. Después manta point, donde tuvimos la suerte de nadar entre mantas. En los 40 minutos que estuvimos allí vimos unas 12. Eran gigantes, y observar su pausado e hipnotizante aleteo, toda una experiencia.

La última parada fue la isla de Kanawa. Arena blanca y aguas turquesas era todo lo que se podía ver. Al llegar había un cartel que decía que cobraban 150.000 rupias (10€) por pisar la isla. Al preguntar nos dijeron que esa "tasa" de ladrones era a partir del 1 de abril. Nos tiramos en la arena, y entre baños, snorkel, paseos y tomar el sol pasó la tarde y volvimos a Labuanbajo. Justo cuando íbamos a embarcar vimos un pez tigre, no muy fácil de avistar.

Teníamos 2 días más, que nos parecían demasiados, ya que en el interior de la isla no había nada que pudiéramos visitar en el día, e ir otras islas implicaba alquilar un bote, lo que no era barato.

Pero el intento fue fallido, y la supuesta pequeña tasa por el cambio de día resultó ser más caro que comprar otro billete.

Así que desistimos y fuimos a toooodas las agencias para averiguar qué islas nos ofrecían con una bonita playa y un buen snorkel. Y no fue fácil. Indonesia tiene unas 17000 islas, y alrededor de Labuanbajo debe haber unas 200-300 islas visitables. Pero no había forma de sacarlos de Rinca, Komodo y Kanawa. ¡Que ya las hemos visto! Eran muy graciosos, porque al no saber qué ofrecernos nos preguntaban dónde queríamos ir, como si conociéramos las islas.

Preguntando aquí y allá, sacamos 2 nombres: Bidadari y Seraya. Negociamos el precio del bote, y se nos unió Jana, una alemana que había hecho el tour de 2 días con nosotros.

Bidadari cumplió nuestras expectativas. Solo algunos botes con otros turistas iban y venían, mientras nosotros disfrutamos de este pedacito de paraíso hasta las 5 de la tarde, con una variedad de peces alucinante.

El último día fuimos a Seraya, que nos dejó sin palabras. Estaban construyendo un resort, por lo que solo habían unos cuantos locales currando y el dueño griego dando voces de vez en cuando. La playa era un poco más grande que el día anterior, y estar completamente solos todo el día fue impagable. Para rematarlo, a la ida habíamos visto una tortuga, y el fondo marino tenía un coral que parecía de mentira, como si lo hubieran pintado. También vimos mogollón de estrellas de mar.

Esperemos que este paraíso perdure, porque los resorts traen turistas inconscientes y botes, que destruyen el entorno rápido.

Por la noche, para despedirnos de Flores, cenamos en un puestecillo de la calle, donde elegimos un pescado gigante y un calamar.

Nuestros días en el archipiélago de Flores han sido mucho mejores de lo esperado. Habíamos dudado en venir, pero un vuelo barato y un par de consejos de amigos nos hicieron dar el paso, y poder observar una fauna y una flora, especialmente marina, que solo este rincón salpicado de islas puede ofrecer.

sábado, 21 de marzo de 2015

Adiós a la turística Tailandia

¡De nuevo en el barrio, Khao San Road! Esto es lo que pensamos al llegar a las 7 de la tarde (3 horas más de lo estimado) a Bangkok.

La primera noche dormimos fatal, con el bar justo debajo de nuestra habitación y unas paredes de papel que permitían oirlo todo, guiris potando incluído.

Estos 3 días los hemos aprovechado para visitar un par de ciudades que nos quedaron pendientes.

El día 18 fuimos a Kanchanaburi, famosa por ser donde se construyó el ferrocarril de la muerte sobre el río Kwai. Un poco de historieta para ambientar (cortita, lo prometemos). Aprovechando el inicio de la primera guerra mundial, Japón pensó que era un buen momento para conquistar algunos países del sudeste asiático. Una vez que lo consiguió en algunas zonas, construyó un ferrocarril entre Tailandia y Myanmar. Para ello, tomó como esclavos a los prisioneros de guerra, sobre todo ingleses, holandeses y australianos, y también asiáticos, para construir la línea de tren. Todo esto en unas condiciones infrahumanas, vistiéndolos con taparrabo. El resultado fueron 12.000 muertos occidentales y más de 100.000 locales, entre thais, birmanos y malayos. Visitamos el famoso puente, y después nos subimos en el tren, que todavía conserva algunos tramos originales, sobre los que destaca el puente de madera.

Al día siguiente hicimos la excursión a Ayuttaya, una ciudad a menos de una hora de Bangkok donde se conservan muchos templos de alrededor del S.XII. Visitamos cuatro templos y un buda reclinado gigante. Nos gustó mucho la excursión y nos recordó bastante a los templos de Bagan, en Myanmar, aunque con algo menos de encanto.

Hemos aprovechado estos días en Bangkok para ver si ir de compras vale tanto la pena como dicen. Y la verdad es que es más un mito que otra cosa. Los centros comerciales son caros, las imitaciones son malas y no son tan baratas, y como mucho en algún mercado callejero puedes encontrar algo de ropa barata y souvenirs. También es verdad que pasamos de mirar nada de tecnología, porque aunque sí parece ser más barata, fíate tú de la calidad y las garantías.

Con esto podemos decir adiós a Bangkok y con él a Tailandia, el país donde más tiempo hemos estado en este viaje. Volveremos solo para hacer una noche al volver de Indonesia, nuestro próximo destino, antes de volar de vuelta a España. Tailandia tiene mala fama entre muchos mochileros porque es muy turístico. Y es cierto. Pero para nosotros esto no es algo ni positivo ni negativo. A veces es bueno porque hace que moverte por el país sea más fácil y haya más opciones de alojamiento y comida de todo tipo. Otras veces puede resultar desagradable por las masificaciones y los pesados vendedores o los timos. Pero lo que suele ocurrir es que cuando un sitio es turístico, por algo será. Y Tailandia es un claro ejemplo de ello. El mes que pasamos en sus playas de ensueño fue inolvidable, y los templos y cultura que ofrece también merecen mucho la pena. Sin duda Tailandia fue una buena elección.

jueves, 19 de marzo de 2015

Camboya: breve pero intenso

Camboya, junto con Laos y Vietnam, tiene una historia reciente muy convulsa y violenta, que desgraciadamente ha sido ignorada intencionadamente por la opinión pública mundial. Los 3 países formaron lo que se conoce como Indochina, ya que fueron colonias francesas hasta los años 70 del siglo pasado.

Nuestro paso ha sido breve pero intenso, e igual que sus vecinos, nos ha descubierto una historia dramática. Desde Saigon cruzamos la frontera y llegamos a Phnom Phen, la capital, sobre las 3 de la tarde. Hacía un calor y humedad infernal, así que encontrar hostel con la mochila a cuestas se hizo pesado. La ciudad nos sorprendió gratamente, con grandes avenidas y parques donde la gente hacía deporte y practicaba aerobic en numerosos grupos.

Al día siguiente visitamos la S-21, un colegio que en 1975 fue habilitado como centro de torturas. De forma breve, esta es la espeluznante historia:

Tras varios años de guerra civil, los khemer rojos, un grupo militar, se hizo con el control del país, y el pueblo lo celebró como una liberación. Sin embargo, este grupo tenía otra idea para la recién fundada "República democrática de Kampuchea". Sacaron a todo el mundo de las ciudades, clausuraron escuelas y hospitales, y obligaron a la gente a trabajar en el campo. Cualquier persona con opiniones críticas hacia el régimen, o simplemente con estudios, era torturada y asesinada. El simple hecho de llevar gafas era suficiente motivo para detener a alguien.

Recorrer los pasillos del colegio, y las aulas transformadas en celdas fue estremecedor. Además, estos sádicos documentaron perfectamente todas las barbaridades que cometieron, y las fotografías dan testimonio de ello.
Se calcula que de los 7,7 millones de habitantes que tenía el país, 2 millones fueron exterminados.

El resto del día, con el mal cuerpo que se nos quedó, visitamos otro mercado y dimos una vuelta. Por la noche cogimos otro bus nocturno. Daba miedo. Habían tapado las ventanas, así que no se veía nada. Era una especie de cama, pero reclinada unos 30 grados, así que no nos podíamos acostar del todo. Además, era de plástico, así que cada vez que daba un frenazo (máximo cada 15 minutos) nos escurríamos y parecía que nos íbamos a caer de la "cama".

A las 3 de la mañana el bus se paró. Al principio pensamos que sería algo leve y reanudaríamos la marcha, pero no. Estuvimos en medio de un pueblo con 2 calles de tierra tirados hasta las 6 de la mañana, cuando apareció una furgoneta, que nos llevó hasta Siem Reap junto con 20 cajas de pescado, que para esas horas imaginaos cómo estaban.

Ya en la ciudad, encontramos hostel rápido y baratito, y tras un desayuno contundente, alquilamos unas bicis para recorrer los templos de Angkor Wat, uno de los grandes momentos del viaje.

Los 3 días hizo un calor y humedad que nos dejaron KO. Los templos no están precisamente cerca, ni de la ciudad ni entre ellos. Cada día hicimos unos 30 kms.

Los templos datan de los siglos IX al XI, y está considerado el centro religioso más grande del mundo. Destacar el propio templo de Angkor, con sus 5 torres en forma de flor de Loto, Bayon, con sus enigmáticas caras talladas en piedra, o los templos cuyos muros han sido literalmente engullidos por enormes árboles, donde se rodó la peli de Tomb Raider.

El último día, al volver al hostel, resulta que hubo un corte de luz general en la ciudad, así que no teníamos ni luz ni agua. Después de la sudada y de la mierda que teníamos, nos fuimos a otro hostel con generador propio para poder darnos una ducha fresquita, tampoco pedíamos tanto.

Nos vamos de Camboya con la sensación de que es un país complicado para viajar por sus infraestructuras, y no ofrece cosas excepcionales que no puedas disfrutar en los países vecinos. Con más tiempo, le hubiéramos dedicado más días, ya que no nos gusta tener una visión tan reducida de un país, pero es lo que hay.