¿Myanmar, Birmania o Burma? Una de las muchas incógnitas sobre este enigmático país. A lo largo de los post intentaremos desvelar sus aspectos más curiosos.
Llegamos a Yangon el día 15 ,sobre las 22 h, y compartimos taxi con una chica australiana. Ingenuos nosotros, creímos que con la dirección llegaríamos sin problemas al hostel. Pero no fue así...tras deambular a las 11 de la noche con las mochilas por calles oscuras, aceras rotas, y los peores olores que jamás sufrimos viajando, acabamos en un hotel bastante fuera de nuestro presupuesto.
Al día siguiente, ya con luz, nos orientamos y empezamos a disfrutar la ciudad. La primera impresión es que estás en la India: la mayoría de los hombres llevan falda, y las mujeres y niños (y algunos hombres) llevan la cara como pintada de amarillo, con una sustancia llamada "thanaka", que utilizan como protector solar y maquillaje.
Otra de las cosas que chocan es que el suelo está lleno de manchas rojas, como si hubieran matado a alguien en cada esquina. Esto es debido a que los hombres mascan un tabaco que les deja los dientes rojos, y de vez en cuando escupen sin miramientos en el suelo. Además, otra curiosidad es que por todas partes hay máquinas de agua potable, gratis. Aunque con un vasito del que bebe todo el mundo...
Una vez superado el shock cultural, conseguimos encontrar el hostel y salimos a dar una vuelta. Vimos la Sule Pagoda, situada en medio de una rotonda, caminamos hasta la pagoda Bota Taung, donde también había un mercado de comida y ropa. Aquí muchas cosas tienen buena pinta, muy colorido y obviamente, desconocido para nosotros. Volvimos al hostel en trishaw, un tipo de bici, con unos asientos, espalda con espalda, nunca visto por nosotros.
El segundo día en Yangon lo aprovechamos al máximo. Primero cogimos el tren circular que rodea Yangon. Por 16 céntimos estuvimos 3 horas viendo los alrededores de la ciudad y todos los mercados y aldeas que se arremolinan a lo largo de las vías. Volvimos a comer a 999 noodle, rico y barato.
Visitamos la Shwe Dagon Paya, la pagoda más grande de Myanmar. Colosal y rodeada de pequeños templos. Lástima que estuviera en obras y no pudiéramos gozar de su brillo al atardecer.
Ya de vuelta, recuperamos fuerzas con un té y caminamos un par de horas por Chinatown, donde Sandra se compró algunos potinguitos y David unos pantalones por 1'6 euros.
Al día siguiente apuramos las últimas horas para visitar el mercado Bogyoke Aung San, comer y tomar el tren nocturno rumbo a Bagan a las 16 horas.
La experiencia en Yangón fue la toma de contacto con Myanmar, y nos dejó sin palabras. En esta primera impresión hemos vivido una cultura totalmente diferente a todo lo que hemos visto antes, pero con una gente que con una sonrisa hace que te sientas parte de ella.