Es la primera vez que la palabra FRONTERA cobra sentido en cualquiera de nuestros viajes. Hasta ahora, se trataba de un trámite. Con sus particularidades, como la lentitud, cuchitriles como puesto de inmigración, cruzar ríos, visados al llegar o tener la visa previamente...
Pero esta vez sentimos que más bien había una barrera infinita, y no una frontera. Teníamos nuestra visa lista, como ya os contamos en el post anterior. Un negocio, por cierto. Pagamos 65 dólares para obtenerla.
Llevábamos 4 días pensando como cruzar la frontera, porque era el TET, el Año Nuevo Chino, que se celebra en Vietnam. En Vang Vieng, estuvimos tentados de coger el bus de 40 horas de duración, pero todavía era pronto y el viaje hubiera sido, como decirlo...interminable.
En nuestro siguiente destino, Phonsavan, el bus para Hanoi venía desde otra ciudad. Nos advirtieron que nos podían vender el billete, pero que el bus vendría lleno de vietnamitas y nos tocaría hacer el trayecto de 30 horas de pie. ¿¡Qué nos estás contando!?! Básicamente, se dedican a revender los billetes, y en un bus de 45 personas meten 100. Y solo hay un bus al día. Nos sugirieron que más al norte, y cerca de la frontera, sería más fácil coger el bus para Vietnam. Y eso hicimos.
Tomamos una minivan con espacio minúsculo para las piernas, y en el camino todavía metieron 4 o 5 personas más de los asientos que habían. Nosotros íbamos al final, y nos negamos rotundamente a que metieran a otra persona con nosotros. A una holandesa le tocó compartir su asiento 5 horas con un chico, que encima se le durmió en el hombro tan a gusto. Algunos aguantan demasiado...
Tras 8 horas de puerto de montaña sin asfaltar, precipicios, curvas de 180 grados y adelantamientos a ciegas y temeridades varias, llegamos a Xam Nuea, en las montañas del noreste de Laos, a "solo" 350 kms de Hanoi.
Nada más llegar, con las piernas entumecidas, nos arrastramos hasta la taquilla para saber el horario del bus a Vietnam, cualquiera que fuera el destino.
Con una sonrisita, nos dicen que desde hoy no hay autobuses a Vietnam ¡durante una semana! Flipamos, maldecimos al tipo de Phonsavan, preguntamos por una ruta alternativa. Por tierra, y en transporte público, no hay opciones. Nos juntamos con otra chica española y la holandesa, que también quieren llegar a Hanoi como sea.
Esa misma noche llamamos a una empresa de transporte para negociar el precio del taxi. Nos piden 500 dólares por llevarnos a Hanoi. Pero hasta el día siguiente no sabremos nada porque no hay muchos conductores dispuestos a ir hasta Hanoi.
Empiezan a rondar por nuestra cabeza posibles alternativas: estar una semana atrapados en el pueblo (donde no hay casi nada que hacer), seguir viajando hacia el sur por Laos y cruzar cuando haya transporte (y perdernos Hanoi y el norte de Vietnam), o coger otro bus a Luang Prabang, a 16 horas, y volar a Hanoi por un dineral. Las opciones son entre malísimas y pésimas.
Al día siguiente vamos a la estación a las 7 de la mañana. Nunca se sabe si hay opciones. Hay 4 taxis, pero solo uno está dispuesto a cruzar la frontera. Nos pide 7,000.000 K, unos 700 €. No hay forma de negociar el precio. Se abre otra opción, ya que hay otra ciudad más cercana a la frontera, desde donde supuestamente hay trenes a Hanoi, nada seguro. Pero el tipo es un pirata y nos dice que nos lleva a la frontera y allí un amigo nos recoge en la parte vietnamita. Ni de coña.
Volvemos al pueblo (el camino a la estación son 20 minutos de subida, que hemos hecho ya 3 veces). Preguntamos en la oficina de turismo. Allí el señor de la agencia de transporte llama a varios taxistas. Ninguno quiere ir a Vietnam. ¡¡No quieren ganarse 400 €!! Hay una minivan, pero no vuelve hasta dentro de 3 días.
Empezamos a desesperarnos. Se agotan las opciones. En el camino de vuelta de la estación, se une un francés que está igual que nosotros. Se quiere acoplar y le advertimos que ya somos 4 para el taxi. Al rato, la holandesa se da cuenta de que su visado empieza dentro de una semana, así que no puede entrar en Vietnam. El francés entra en el grupo, chao a la holandesa.
Preguntamos a la gente en la calle. Nos miran como a locos. No hablan inglés. Por casualidad, un chico nos dice que puede que un amigo suyo nos pueda llevar. Viene al hostel, negociamos con él, y parece que nos lleva por 90 € por persona a Thanh Hoa. Según google maps, 200 kms en 4 horas. Compramos agua, algo de comer, y salimos en 4x4 hacia la frontera. 3 horas más tarde llegamos a un edificio perdido en las montañas. Los de inmigración nos miran extrañados. Puede que seamos los únicos que crucemos hoy. El camino ha sido difícil, camino de tierra con algunos baches, pasando pequeñas villas, esquivando gallinas y vacas, con fuertes subidas y bajadas.
Llega el primer momento crítico. Debería ser fácil salir de Laos. Nos sellan el pasaporte. El conductor también pasa fácil. En el lado vietnamita se corta la tensión. Nos reciben la bandera comunista por todas partes. Los militares nos piden el pasaporte. Más de media hora después nos los devuelven. Hablan con el taxista, nos señalan, parece que le preguntan qué hace con nosotros. Le revisan el coche y vuelven a hablar. Nos hacen sacar las mochilas, y abren el chiringuito para inspeccionarlas. Enchufan el escáner. Les estamos molestando. Un rato después, conseguimos salir de allí. ¡Estamos en Vietnam!
A los 10 metros de pasar la frontera el taxista se para y empieza a hablar, no entendemos nada. Saca el móvil y escribe 3,500.000, quiere que le paguemos ahora. "Ni de coña chaval, te pagaremos al llegar". Tras varias señas, parece que dice que quedan unas 3 horas.
Creíamos que el camino malo había terminado en la frontera de Laos, pero, otra vez más, subestimamos la capacidad de Asia para superarse a sí misma. Viajamos durante 4 horas de "caminos" de tierra y rocas. Pasamos villas y casas de madera, a cada metro las banderas comunistas nos saludan. También apreciamos las terrazas verdes de arroz anegadas de agua. A las 17 horas hacemos una parada y el conductor nos regala unas chocolatinas y un fruta rara y sucia. Sandra la rechaza y David la tira cuando se da la vuelta.
A partir de aquí la carretera mejora, con 10% de asfalto y 90% tierra. Se hace de noche y el conductor va siempre con las luces de cruce puestas, así que las siguientes 3 horas nos pitan y echan las luces constantemente. Por fin, llegamos a las 20 horas a Than Hoa. Al taxista le cambia la cara. Y es que en Laos solo hay una carretera con 4 coches pasando a la hora. Intentamos preguntar por la estación de tren, pero nadie habla inglés. Casi sin querer, al preguntar en un hotel resulta que estamos a 500 metros.
Le pagamos al taxista, que con los 360 € podrá estar sin currar hasta el siguiente Año Nuevo Chino. Compramos los tickets para Hanoi, donde llegamos a las 4 de la mañana. Menos mal que la otra chica española conoce un hostel con recepción 24 horas.
Sobre las 5 de la mañana, caemos rendidos en la cama ¡Estamos en Hanoi!
Toda una aventura digna de ser vivida! jaja! Gracias a Dios, llegasteis enteros y con todas vuestras pertenencias... Que no es poco!
ResponderEliminarUn beso enorme! Se os echa de menos!
Estas son las aventurillas que cuando te pasan te cagas en todo pero luego son historietas graciosas que contar. Las fotos son para que os hagáis una idea de lo que fue. Interminable y duro, pero lo conseguimos!! Desde aquí también se os echa de menos xxx
ResponderEliminarMadre mía, chicos. ¡Qué angustia solo de leeros! Vaya con Laos...
ResponderEliminarAhora a relajaros un poco y a seguir disfrutando. Sandra, deja de perder kilos!
Gracias guapa!! Al final todo forma parte del viaje jeje. Y lo de los kilos tranqui, cuando vuelva, un poco de jamón del bueno y listo! ;)
ResponderEliminarCuantas peripecias. Menos mal que ha salido todo bien, pero podia haber salido mal, con esa gente y sin saber lo que hablan, vaya apuro, yo me agobio solo de leerlo. Muchos besos.
ResponderEliminarEsto es lo que se llama (seriamente) cruzar una frontera, y lo demás son tonterías. Nos quejamos de los controles en los aeropuertos,
ResponderEliminarMuchos besos para ambos dos