Huay Xai fue solo un lugar de paso para llegar a Luang Prabang. Parece mentira, pero al cruzar la frontera ya notamos el cambio de país: la gente, las carreteras más básicas, los pueblos,...lo que no cambia es la oportunidad de aprovecharse del turista, incluso en Laos es peor.
Encontramos una guesthouse, y salimos a comer y dar una vuelta. En un templo, un monje nos recitó la alineación de España y todo lo que sabía del fútbol español.
Al día siguiente cogimos el bote para llegar a Luang Prabang. 2 días navegando 8 horas por el Mekong. Por casualidad, nos sentamos con 2 mallorquines, un italiano y una pareja muy peculiar medio españoles también. Estuvimos charrando todo el primer día y fue divertido. Sobre las 18 h llegábamos a Pak Beng, donde pasamos la noche.
Al día siguiente, otras 7 horas de navegación nos llevaron a nuestro destino. Tanto el paisaje, como la gente haciendo vida en el Mekong y las aldeas a la orilla del río fueron dignos de ver.
Luang Prabang es el mayor reclamo de Laos. Su centro histórico, enclavado entre el Mekong y uno de sus afluentes, es patrimonio de la humanidad, y junto con las subvenciones francesas (ya que fue colonia), hacen que pasear por sus calles sea una delicia. Templos, casas coloniales, coches antiguos, el río, sus panaderías con croissants de verdad, y sus famosas baguettes, ¡con pan bueno!
El primer día alquilamos una bici y paseamos por la ciudad. Aprovechamos para ir a la embajada de Vietnam a tramitar el visado. 65 dólares cada uno por un papelito en el pasaporte.
Por la tarde visitamos el templo más importante cuando ya no había que pagar. Eso fue algo que no nos gustó, que lo tienen montado como un parque de atracciones y hay que pagar por todo: el mapa, los templos, subir a la colina, cruzar un puente,...
Esa noche quedamos con nuestros amigos mallorquines, y cenamos con ellos. Fede y Angi eran muy majos y lo pasamos bien con ellos.
El segundo día hicimos una excursión a unas cascadas, que no era nada del otro mundo. Lo verdaderamente bonito eran las piscinas naturales, con el agua cayendo entre las piedras.
Antes de irnos el último día, caminamos a una aldea cercana (previo pago por cruzar el puente) y vimos todo el proceso de manufactura de la seda. Alucinamos con todo el curro que lleva, desde criar a los gusanos de seda, tintar los hilos y finalmente tejerlo manualmente.
Sobre las 17'30, con solo media hora de retraso, el bus salió hacia Vang Vieng. Un paseo de 7 horas que terminó siendo un infierno, pero eso es otra historia.