miércoles, 25 de febrero de 2015

TET, año nuevo en Hanoi

Después de la odisea de salir de Laos y llegar a Hanoi, tuvimos unos días de tranquilidad. Llegamos justo para el año nuevo vietnamita o TET, que coincide con el año nuevo chino. Y tuvimos la suerte de haber encontrado un couch, por primera vez en Asia. Tien nos abrió las puertas de su casa y nos enseñó cómo se celebra esta fiesta tan importante, con sus costumbres y tradiciones, con mucha influencia china. Fue genial verlo y vivirlo desde dentro.

La primera noche que pasamos con ella fue nochevieja. Tien cocinó un montón de platos típicos vietnamitas, que antes de comer, como es tradición, ofreció a sus antepasados en su pequeño altar en el salón. Nosotros le ayudamos con los rollitos de primavera, ¡así que tuvimos clase de cocina y todo! Después de la cena fuimos a ver los fuegos artificiales de medianoche para celebrar la entrada del año, y volvimos a casa, donde Tien hizo unas ofrendas para despedir al dios del año lunar que termina y dar la bienvenida al del año nuevo, para que traiga suerte. Descubrimos la tradición de quemar billetes falsos de dólares o euros, ya que se cree que de este modo se les puede hacer llegar a los que ya murieron, porque pueden necesitarlos en la otra vida.

Los siguientes días los dedicamos a conocer la ciudad, sobre todo el casco antiguo. La parte negativa de coincidir con el año nuevo es que casi todo estaba cerrado, y por varios días. Aún así, el tráfico es de los más caóticos que hemos visto hasta ahora, con motos, coches, bicis y peatones por todos lados y direcciones, y lo más impactante, familias enteras en una sola moto. ¡Y eso que había menos tráfico por el año nuevo! Aunque todo estaba más tranquilo de lo normal y había muchos comercios cerrados, las pagodas eran los sitios más concurridos, y no por turistas, sino por los propios vietnamitas que llevan las ofrendas y sus mejores deseos para el año nuevo. Así los pudimos ver haciendo todo tipo de ofrendas y rituales. Visitamos The Temple of Literature, un templo enorme dedicado a Confucio y a la educación. Fuimos también a ver una actuación de marionetas en el agua en el Water Puppet Theatre, algo muy típico de Vietnam. Las marionetas las fabrican artesanalmente en las zonas rurales, y en la actuación se utiliza una especie de piscina como escenario, con lo que se obtiene el efecto de ver a las marionetas flotar. El secreto detrás de las cortinas de los que manejan las marionetas se pasa de generación en generación. Durante el espectáculo hay música tradicional en directo con instrumentos típicos de aquí, lo que lo hace todavía más especial. ¡La verdad es que nos encantó!

Visitamos también el mausoleo donde se supone que está embalsamado el cuerpo de Ho Chi Min, aunque según Tien, podría no ser el verdadero. Paseamos por sus lagos y vimos a las familias jugar en el Parque de Lenin.

Tien nos dio la oportunidad de conocer un poco más de cerca cómo viven los vietnamitas. Nos llevó a visitar a un par de amigos para felicitarles el año nuevo. Aunque a nosotros nos parecieron unas visitas un poco rápidas comparadas con las de España, fueron muy agradables y todos fueron muy hospitalarios y amables con dos desconocidos como nosotros.

El último día no teníamos mucho más que hacer, así que decidimos ir al cine ya que el centro comercial era uno de los pocos sitios abiertos. Como el vietnamita no se nos da muy bien, preferimos una peli en inglés, y entre las pocas que había para elegir escogimos la polémica 50 sombras de Grey. ¡Y cuál fue nuestra sorpresa cuando nos dimos cuenta de que estaba censurada! Ni se nos pasó por la cabeza, y después de un par de escenas de cama donde de repente aparecen 'después de' como si nada, David y yo nos miramos y nos empezamos a reír sin parar. ¡No podíamos haber elegido mejor película! Bueno, fue sin duda algo que nunca olvidaremos y nos recordó de cerca cómo viven en países con estos regímenes políticos.

Después de unos días tranquilos de descanso, comida y en 'familia', recuperamos energía para recorrer este nuevo país que promete mucho.

Odisea en la frontera: de Laos a Vietnam

Es la primera vez que la palabra FRONTERA cobra sentido en cualquiera de nuestros viajes. Hasta ahora, se trataba de un trámite. Con sus particularidades, como la lentitud, cuchitriles como puesto de inmigración, cruzar ríos, visados al llegar o tener la visa previamente...

Pero esta vez sentimos que más bien había una barrera infinita, y no una frontera. Teníamos nuestra visa lista, como ya os contamos en el post anterior. Un negocio, por cierto. Pagamos 65 dólares para obtenerla.
Llevábamos 4 días pensando como cruzar la frontera, porque era el TET, el Año Nuevo Chino, que se celebra en Vietnam. En Vang Vieng, estuvimos tentados de coger el bus de 40 horas de duración, pero todavía era pronto y el viaje hubiera sido, como decirlo...interminable.

En nuestro siguiente destino, Phonsavan, el bus para Hanoi venía desde otra ciudad. Nos advirtieron que nos podían vender el billete, pero que el bus vendría lleno de vietnamitas y nos tocaría hacer el trayecto de 30 horas de pie. ¿¡Qué nos estás contando!?! Básicamente, se dedican a revender los billetes, y en un bus de 45 personas meten 100. Y solo hay un bus al día. Nos sugirieron que más al norte, y cerca de la frontera, sería más fácil coger el bus para Vietnam. Y eso hicimos.

Tomamos una minivan con espacio minúsculo para las piernas, y en el camino todavía metieron 4 o 5 personas más de los asientos que habían. Nosotros íbamos al final, y nos negamos rotundamente a que metieran a otra persona con nosotros. A una holandesa le tocó compartir su asiento 5 horas con un chico, que encima se le durmió en el hombro tan a gusto. Algunos aguantan demasiado...

Tras 8 horas de puerto de montaña sin asfaltar, precipicios, curvas de 180 grados y adelantamientos a ciegas y temeridades varias, llegamos a Xam Nuea, en las montañas del noreste de Laos, a "solo" 350 kms de Hanoi.
Nada más llegar, con las piernas entumecidas, nos arrastramos hasta la taquilla para saber el horario del bus a Vietnam, cualquiera que fuera el destino.
Con una sonrisita, nos dicen que desde hoy no hay autobuses a Vietnam ¡durante una semana! Flipamos, maldecimos al tipo de Phonsavan, preguntamos por una ruta alternativa. Por tierra, y en transporte público, no hay opciones. Nos juntamos con otra chica española y la holandesa, que también quieren llegar a Hanoi como sea.

Esa misma noche llamamos a una empresa de transporte para negociar el precio del taxi. Nos piden 500 dólares por llevarnos a Hanoi. Pero hasta el día siguiente no sabremos nada porque no hay muchos conductores dispuestos a ir hasta Hanoi.

Empiezan a rondar por nuestra cabeza posibles alternativas: estar una semana atrapados en el pueblo (donde no hay casi nada que hacer), seguir viajando hacia el sur por Laos y cruzar cuando haya transporte (y perdernos Hanoi y el norte de Vietnam), o coger otro bus a Luang Prabang, a 16 horas, y volar a Hanoi por un dineral. Las opciones son entre malísimas y pésimas.

Al día siguiente vamos a la estación a las 7 de la mañana. Nunca se sabe si hay opciones. Hay 4 taxis, pero solo uno está dispuesto a cruzar la frontera. Nos pide 7,000.000 K, unos 700 €. No hay forma de negociar el precio. Se abre otra opción, ya que hay otra ciudad más cercana a la frontera, desde donde supuestamente hay trenes a Hanoi, nada seguro. Pero el tipo es un pirata y nos dice que nos lleva a la frontera y allí un amigo nos recoge en la parte vietnamita. Ni de coña.

Volvemos al pueblo (el camino a la estación son 20 minutos de subida, que hemos hecho ya 3 veces). Preguntamos en la oficina de turismo. Allí el señor de la agencia de transporte llama a varios taxistas. Ninguno quiere ir a Vietnam. ¡¡No quieren ganarse 400 €!! Hay una minivan, pero no vuelve hasta dentro de 3 días.

Empezamos a desesperarnos. Se agotan las opciones. En el camino de vuelta de la estación, se une un francés que está igual que nosotros. Se quiere acoplar y le advertimos que ya somos 4 para el taxi. Al rato, la holandesa se da cuenta de que su visado empieza dentro de una semana, así que no puede entrar en Vietnam. El francés entra en el grupo, chao a la holandesa.

Preguntamos a la gente en la calle. Nos miran como a locos. No hablan inglés. Por casualidad, un chico nos dice que puede que un amigo suyo nos pueda llevar. Viene al hostel, negociamos con él, y parece que nos lleva por 90 € por persona a Thanh Hoa. Según google maps, 200 kms en 4 horas. Compramos agua, algo de comer, y salimos en 4x4 hacia la frontera. 3 horas más tarde llegamos a un edificio perdido en las montañas. Los de inmigración nos miran extrañados. Puede que seamos los únicos que crucemos hoy. El camino ha sido difícil, camino de tierra con algunos baches, pasando pequeñas villas, esquivando gallinas y vacas, con fuertes subidas y bajadas.

Llega el primer momento crítico. Debería ser fácil salir de Laos. Nos sellan el pasaporte. El conductor también pasa fácil. En el lado vietnamita se corta la tensión. Nos reciben la bandera comunista por todas partes. Los militares nos piden el pasaporte. Más de media hora después nos los devuelven. Hablan con el taxista, nos señalan, parece que le preguntan qué hace con nosotros. Le revisan el coche y vuelven a hablar. Nos hacen sacar las mochilas, y abren el chiringuito para inspeccionarlas. Enchufan el escáner. Les estamos molestando. Un rato después, conseguimos salir de allí. ¡Estamos en Vietnam!

A los 10 metros de pasar la frontera el taxista se para y empieza a hablar, no entendemos nada. Saca el móvil y escribe 3,500.000, quiere que le paguemos ahora. "Ni de coña chaval, te pagaremos al llegar". Tras varias señas, parece que dice que quedan unas 3 horas.

Creíamos que el camino malo había terminado en la frontera de Laos, pero, otra vez más, subestimamos la capacidad de Asia para superarse a sí misma. Viajamos durante 4 horas de "caminos" de tierra y rocas. Pasamos villas y casas de madera, a cada metro las banderas comunistas nos saludan. También apreciamos las terrazas verdes de arroz anegadas de agua. A las 17 horas hacemos una parada y el conductor nos regala unas chocolatinas y un fruta rara y sucia. Sandra la rechaza y David la tira cuando se da la vuelta.
A partir de aquí la carretera mejora, con 10% de asfalto y 90% tierra. Se hace de noche y el conductor va siempre con las luces de cruce puestas, así que las siguientes 3 horas nos pitan y echan las luces constantemente. Por fin, llegamos a las 20 horas a Than Hoa. Al taxista le cambia la cara. Y es que en Laos solo hay una carretera con 4 coches pasando a la hora. Intentamos preguntar por la estación de tren, pero nadie habla inglés. Casi sin querer, al preguntar en un hotel resulta que estamos a 500 metros.

Le pagamos al taxista, que con los 360 € podrá estar sin currar hasta el siguiente Año Nuevo Chino. Compramos los tickets para Hanoi, donde llegamos a las 4 de la mañana. Menos mal que la otra chica española conoce un hostel con recepción 24 horas.

Sobre las 5 de la mañana, caemos rendidos en la cama ¡Estamos en Hanoi!

sábado, 21 de febrero de 2015

De las cuevas de Vang Vieng a la triste historia en Phonsavan

Llegamos a Vang Vieng a las 2 am, después de 9 horas de bus desde Luang Prabang. A esas horas nada es fácil, pero tuvimos la suerte de que había un señor esperando a los turistas que bajaban de ese bus para, como no, venderles un alojamiento. Pero dadas las circunstancias no teníamos otra opción, además el pueblo estaba a un par de kilómetros y no había absolutamente nadie más. Al final resultó que era barato y todo el alojamiento que nos ofreció.

Vang Vieng es famoso por el "tubing", muy popular entre los turistas veinteañeros, especialmente entre los británicos, que consiste en bajar por el río en una especie de flotador gigante e ir parando en los bares a orilla del río para beber e ir emborrachándose en el camino. Pero nuestro motivo para visitarlo era muy diferente. Los dos días siguientes alquilamos una moto para visitar los alrededores del pueblo: montañas que se entreven en la neblina, cascadas y cuevas. Nos encantó sobre todo la cueva junto a la Blue Lagoon, completamente natural y con un acceso un poco complicado, y dentro, la oscuridad absoluta y solo la luz de nuestros frontales dejándonos intuir la belleza del lugar. Y en el pueblo, los puestos de pancakes fueron los que nos proporcionaron la mejor merienda.

El tercer día por la mañana cogimos una mini van, que después de 5 horas por caminos precarios nos dejó en nuestro siguiente destino: Phonsavan. Cuando llegamos allí nos dimos cuenta de que no era el sitio más bonito para pasar San Valentín, pero las cosas habían venido así. Un pequeño pueblo polvoriento a los lados de una carretera y poco más. Pero es famoso por unas llanuras con restos de piedras pulidas en forma de urnas que datan de épocas diferentes desde el Paleolítico, conocidas como Plain of Jars. Su uso es todavía un misterio, pero se cree que podrían haberse utilizado como urnas funerarias. 

Sin embargo, una vez allí descubres otro secreto de la región donde se encuentra Phonsavan: la guerra secreta con EEUU cuando ocurrió la guerra de Vietnam, y los efectos que todavía hoy pasan factura a los habitantes de la zona y de Laos, en general. Descubrimos que Laos ha sido el país más bombardeado de la historia y pese a que se declaró neutral en la guerra de Vietnam, EEUU lo bombardeó durante 9 años sin piedad, con una media de un bombardeo cada 8 minutos, 24 horas al día, durante esos 9 años. Lo más triste es que por todo el país quedan restos de bombas todavía sin detonar, se calcula que un 30% no explotó, y matan a personas cada año, y dejan a algunas con graves lesiones de por vida, como amputaciones. Además, en un país donde el 80% de la población vive de la agricultura, el riesgo de detonar por accidente este material conocido como UXO (unexploded ordenance) es mucho mayor e impide que el país se desarrolle y salga de la pobreza en la que se encuentra sumido. Para colmo, los niños son los más afectados, porque encuentran las pequeñas bombas llamadas "bombies" jugando en el campo y no son conscientes de su peligro. Por suerte, hay una organización, MAG, que desde hace algunos años está limpiando la zona, pero a este ritmo Laos tardaría 300 años en deshacerse de las bombas esparcidas por sus tierras.

Nos impactó descubrir una historia paralela a la historia escrita, cómo podía ser algo tan desconocido para el resto del mundo... De hecho, se conoce con el nombre de La Guerra Secreta. Es evidente que Laos da su versión, y EEUU, que no admite responsabilidad, la suya, pero lo que es cierto es que 50 años después, gente inocente en Laos sigue sufriendo las consecuencias de aquella guerra. Y verlo in situ fue realmente impactante.

Phonsavan era nuestra última parada en Laos, un país desconocido y abandonado, con una triste historia que aún pasa factura. Un país donde solo es fácil viajar si vas a los sitios turísticos, donde eres dinero andante. Un país de agricultores, de gente humilde, de pobreza, de dureza. Y salir de él no iba a ser tan fácil como pensábamos. Pero eso se merece otra entrada...