miércoles, 8 de abril de 2015

Últimos días en Indonesia: fascinados con la cultura balinesa

Decidimos pasar los últimos días en Indonesia conociendo su isla más famosa, Bali. Nos habían dicho que podíamos pasar de Bali, que era muy turística, que está llena de australianos con bares para australianos y precios australianos... pero decidimos darle una oportunidad, y no nos arrepentimos.

De lo que sí pasamos fue de las zonas más turísticas como Kuta, que es tipo Benidorm. Alquilamos un coche y nos dirigimos al corazón de la isla, Ubud. También es una zona turística, pero nada que ver con el ambiente playero de Kuta. Ubud es pura naturaleza, campos de arroz entre calles estrechas donde las casas se confunden con los templos, donde la gente te sonríe sin esperar nada a cambio, donde los comercios naturistas, cafés orgánicos y escuelas de yoga conviven con las tradiciones locales. Un lugar perfecto para explorar los alrededores.

Con el apacible Ubud como base, visitamos los templos más importantes de la zona y vivimos de cerca parte de la cultura balinesa.

El primer día por la noche fuimos al Grand Palace a ver un espectáculo de música y danza llamado Legong, que nos encantó. Era como una obra de teatro pero sin diálogos, solo con la danza y la música para contar la historia.

Al día siguiente visitamos el templo de la fuente de agua sagrada, Tampak Siring, donde había una ceremonia por la luna llena, y cientos de personas llevaban sus ofrendas y se bañaban en la fuente, para, según nos contaron, purificarse y equilibrar el bien y el mal. La gente, tan amable y simpática, nos animó a compartir aquella ceremonia con ellos y así lo hicimos. Fue inolvidable.

En la carretera buscando el templo conocimos a un amable señor que nos invitó a conocer su plantación de café, algo muy típico de la zona de Ubud. Curiosamente su amabilidad fue gratuita, no nos pidió dinero ni nos presionó para comprar, algo increíble en el sudeste asiático. Al final, la visita a la plantación fue mucho más de lo que esperábamos: el entorno y las vistas eran espectaculares, los cafés y tés que degustamos, muy ricos, y los dueños, muy amables. Eso sí, pasamos del café Luwak, que fermentan en el intestino de un animal llamado civeta, parecido a un zorro pequeño, y extraen de sus heces.

Ese mismo día fuimos también al volcán Batur y al lago con el mismo nombre, donde disfrutamos de unas vistas preciosas mientras comimos los famosos Nasi Goreng, la versión indonesia del arroz frito.

Por la tarde, otra ceremonia con procesión incluída nos sorprendió en la visita de otro templo, Kintamani. Fue precioso verlo desde dentro, porque nos unimos a la procesión como si fuéramos un balinés más, y sin prácticamente turistas alrededor. Todo un festival de música, colores y ritos del que fuimos partícipes.

Al día siguiente seguimos sufriendo las carreteras imposibles de la isla con su tráfico loco, pero que de vez en cuando te regalaban vistas preciosas a terrazas de arroz. Visitamos el Mother Temple, Besakih, el más grande de Bali. De nuevo, celebración y ceremonias, y al ser de los más turísticos nos tocó pelear un poco para poder pasar sin guía, otro timo común. Un templo enorme, con unas vistas preciosas desde arriba. Pero fue alejarnos unos metros del turístico Besakih y en otro templo más humilde, nada de guías, la gente sonriéndonos e invitándonos a pasar. Toda la amabilidad y simpatía de los balineses se puede encontrar saliéndose solo un poco de las rutas más turísticas, que lamentablemente le dan a Bali una reputación poco justa de timos y saca-dinero.

Por la tarde fuimos a Amed, un pequeño pueblo de pescadores que se está abriendo al turismo, famoso por el coral que se puede ver en varias zonas de la costa, parte del cual está arraigado en restos de naufragios. El camino hacia Amed fue más largo de lo previsto, lo cual no nos dejó mucho tiempo más que para hacer snorkel en la zona del naufragio de un barco japonés. Aún así, mereció la pena. A pocos metros de la orilla, montones de coral de varios tipos, algunos que no habíamos visto antes. Lástima que nuestra cámara subacuática ya ha muerto definitivamente.

El último día en Ubud nos lo cogimos con calma. Por la mañana visitamos el famoso templo del lago Bratan, Pura Ulun Danau Bratan, muy bonito por su ubicación, aunque lo esperábamos más grande. Por la tarde paseamos por Ubud e hicimos alguna compra.

Dejamos Ubud al día siguiente para dirigirnos a la península de Bukit, en el sur. De camino fuimos a otro templo famoso por su ubicación, Tanah Lot, esta vez en una roca en medio del mar. Por la tarde, ya en Bukit, visitamos el que es quizá el templo más famoso de Bali, Uluwatu, situado en el borde de un escarpado acantilado. Las vistas de lejos son impresionantes, aunque nos decepcionó un poco que no se pueda entrar o verlo de cerca. Allí mismo, cerca del templo, ofrecen otro popular espectáculo, Kecak, en el que un coro de unos 30 hombres acompaña la representación y en ocasiones interactúa con ella. También nos encantó.

Nuestro último día en Bali consistió en conocer algunas playas de Bukit, supuestamente las mejores de la isla, aunque las playas no es su fuerte, salvo que seas surfero. Por la mañana estuvimos en Padang Padang, famosa por sus escenas de la película Eat, Pray, Love, que también popularizó la zona de Ubud. Después de comer fuimos a Balangan, una playa muy grande con algunas rocas en el agua y muchos surferos esperando sus olas.

Después de un caluroso día nos dimos una duchita en el jardín del alojamiento y fuimos al aeropuerto, donde pasaremos la noche ya que nuestro vuelo a Bangkok sale muy temprano.

Y así terminan los cortos pero preciosos 18 días que hemos pasado en Indonesia, suficientes para ver que es un país que ofrece mucho, pero donde es difícil moverse entre tantas islas; un país donde la belleza y diversidad de sus paisajes acompaña a la de su gente, y donde algún día nos gustaría volver  porque nos ha dejado con ganas de más.